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Obligación principal garantizada

Obligación principal garantizada

La hipoteca es un derecho real que se formaliza para garantizar al acreedor el cumplimiento de una obligación. Normalmente esta obligación es la devolución de un préstamo que se ha concedido a favor del deudor hipotecario.

No es necesario que la obligación contraída sea de carácter pecuniario y su contenido puede ser otro distinto, aunque en la gran mayoría de los casos tiene dicho carácter.

Relativo al contenido de esta obligación es importante tener en cuenta estos tres conceptos importantes:

Se entiende por capital una suma determinada de dinero que el acreedor pone a disposición del deudor bajo unas condiciones previamente pactadas y firmadas en su contrato correspondiente.

Si el deudor incumple dicha obligación y no desembolsa el importe total o parcial del préstamo en las condiciones acordadas, el acreedor podrá forzar la venta del bien hipotecado, normalmente un inmueble con el fin de recuperar el importe prestado.

En las obligaciones contraídas y garantizas mediante una hipoteca se especifica siempre un plazo en el cual se debe cumplir con dicha obligación. Al cumplimiento de este plazo se han debido desembolsar todos los importes correspondientes al préstamo más los intereses que se pactasen en el contrato.

El tercer concepto importante que es preciso conocer para este tipo de contratos jurídicos es el del tipo de interés.  El tipo de interés determinará el porcentaje anual del importe prestado que el deudor deberá saldar con el acreedor, en los periodos previamente fijados en el contrato.

El tipo de interés puede ser fijo o variable, dependiendo de lo pactado. Los tipos de interés fijos se mantienen durante un periodo determinado de la duración del préstamo o bien durante la duración total de este. Los tipos variables sufrirán cambios con el tiempo y se irán revisando periódicamente.

La norma habitual en la práctica bancaria es aplicar tipos de interés variables, supeditados a las variaciones de interés de algún tipo de referencia (normalmente el Euribor). A estos tipos de interés se le añade un diferencial, que sería el beneficio que obtiene el acreedor por el préstamo. La suma de ambos conceptos da como resultado la cuota periódica que deberá desembolsar el deudor.

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